Que gran colofón cinematográfico el de la tercera entrega de Toy Story. Hay que reconocerles a la gente de Pixar que llevan una racha impresionante -aunque bien es verdad que muy pocas veces han bajado el nivel a lo largo de su carrera-, ya que Wall-E y Up! son auténticas joyas capaces de hacernos reír, llorar y pensar un buen rato, mientras que la última entrega de Woody, Buzz y compañía cierra un círculo iniciado con su primera aventura y cerrado para disfrute del espectador, que seguramente los conoció hace más de diez años en su niñez o adolescencia, y ahora los despide habiendo alcanzado la madurez.
A finales de los ochenta / principios de los noventa, a los chavales que merodeábamos por los atestados y a veces insalubres salones recreativos, les gustaba picarse a ciertos arcades en los que se exigía la precisión con el joystick a la hora de avanzar y esquivar, a la par que un rítmico movimiento en pos de machacar el botón de disparo. Toki, o la máquina del mono que escupía fuego, puede enarbolar sin titubeos este particular título.
Realtime Worlds dejó el testigo a Ruffian Games para elaborar la continuación del primer sandbox que llegó a calar realmente hondo en los circuitos de la Xbox 360; el primer Crackdown dejó un gran sabor de boca a todos los que se adentraron a patrullar Pacific City y su temible entramado de bandas criminales.
Para redimirse de la derrota sevillista en la Supercopa y preparar de forma más optimista la vuelta de Champions, Spidey pasa a comentarnos lo que recuerda de todo un clásico de la acción retro: Midnight Resistance.
Más o menos a finales de la década de los 80, se puso de moda en los arcades recreativos una nueva forma de control para los juegos de acción. Compañías como SNK o Data East adoptaron un curioso método que aportaba grandes posibilidades a la hora de interactuar con el juego. Esto es, se sustituía la convencional palanca de mandos por un control giratorio.











