Retrovisión: Death Race, saltándose los 110 kilómetros por hora

Hace mucho tiempo, cuando los salones recreativos comenzaban a florecer, poco a poco, dos años antes de que el comecocos arrasara en los arcade y tres años antes de que Miyamoto salvara el culo a Nintendo con un mono algo borrico y un carpintero con bigote; era 1978 y Exidy lanzó Death Race. La de Dios se montó. Ríase de la reducción del límite de velocidad.

A muchos, seguramente, os sonará el título del juego. Death Race 2000 es una película de las que hoy se consideran de culto. Una propuesta atrevida, polémica, calificada seguramente de serie B, con un espectacular David Carradine, futuro pequeño saltamontes, y un secundario llamado Sylvester Stallone, mucho antes de coger los guantes y subirse al ring de boxeo. El argumento de la peli es, sinceramente, de traca. Algo imposible de ver en los tiempos que corren.

El guión de la peli cuenta que en Estados Unidos se alza una especie de dictadura que utiliza la televisión para emitir retransmisiones violentas en forma de espectáculo para que al pueblo llano no le de por pensar. Se propone un curioso incentivo, nada más y nada menos que conocer al presidente de la nación. Lo único que tendrán que hacer será alzarse con el triunfo en una sangrienta carrera en la que gana el que atropelle a una mayor cantidad de niños y de inválidos. Telita el argumento, mucho más crudo que el pseudo-remake que protagonizó Jason Statham hace un par de años.

Dicho y hecho, el arcade de Exidy seguramente sea de las primeras máquinas recreativas que se basa en una película, aunque no hasta el punto de conseguir la licencia; básicamente, se inspiró en su argumento y aprovechó la práctica totalidad del nombre del filme, aunque el juego se llamó Death Race, sin la apostilla del 2000. La temática del juego os la podéis imaginar: conducimos un bólido a toda velocidad, un circuito delimitado, sobre una carretera absolutamente negra, mientras que nuestro coche blanco realiza maniobras para perseguir y atropellar a los pobres transeúntes que intentan escapar.

Más aún: el juego ofrece la posibilidad -es más, se recomienda para doblar la diversión– de que participen dos jugadores de manera simultánea, en plan competitivo, para ver quién logra atropellar a más infelices. Cuando el vehículo lograba su objetivo, aparecía de forma instantánea una cruz a modo de tumba en el lugar del siniestro, mientras que el marcador de puntos subía de manera sangrientamente estratosférica. De lo mejor del juego, sin duda, el control analógico que se ofrecía a través del volante con el que se manejaba, sumado al pedal que permitía acelerar al vehículo.

El caso es que, leyendo el Manual de Servicio de la máquina, se dice lo siguiente: «El objetivo del juego es simple: derriba a un Gremlin y gana un punto. Existen dos Gremlins corriendo a lo largo de la pista de forma aleatoria. Son robots inteligentes en todos los sentidos, y evitarán todos los peligros para encontrar una manera de escapar».

Así, parecían indicarnos que las víctimas que pasaban por debajo de nuestras ruedas eran criaturas mecánicas o monstruos y no seres humanos. A pesar de esto, lo cierto es que el juego fue prohibido poco después de su lanzamiento, criticado por la polémica representación de la violencia de la que hacía gala, y acusado de promover la conducción temeraria. Se lanzaron pocas unidades, unas quinientas en total, lo cual ha dotado de un valor elevadísimo a las máquinas que han sobrevivido al paso del tiempo y a la caza de brujas a la que fue sometida.

De hecho, esta persecución hizo que, realmente, Exidy no lanzara una mayor cantidad de máquinas; al principio, que diera tanto que hablar le favoreció a la hora de darse a conocer, pero finalmente la balanza cayó del lado negativo, y la implicación que tuvo la supuesta violencia del juego llegó al punto de que el famoso programa de la cadena CBS «60 Minutes» le dedicara un programa, tratando el impacto psicológico que podía alcanzar el videojuego. Y es que, por mucho que fueran Gremlins los que atropellábamos, a más de uno le impresionó el grito que precedía a la aparición de la tumba correspondiente. No en vano, parece que el título provisional del juego era… Pedestrian. Significativo, ¿verdad?

Publicado por

Pedja

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4 thoughts on “Retrovisión: Death Race, saltándose los 110 kilómetros por hora”

  1. Precisamente hace unos días que volví a tragarme la película… recordaba haberla visto hace MUCHOS años en un cine de estos de pueblo al aire libre y cuando la ví en dvd no pude evitar comprarla.

    Y la verdad es que es muy «especial», mala a rabiar pero con ese tufillo a «cosa rara» que te acaba gustando sin apenas saber porqué.

    No tenía ni idea de que existiera un juego basado en ésta película… vaya tela…

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