El PixeBlog de Pedja: Blog de Videojuegos Retro y Next-Gen

Videojuegos desde los 8 bits hasta las consolas de nueva generación

No ha sido nunca Castlevania una de mis sagas favoritas. De hecho, puedo decir que la última iteración, la programada por nuestros compatriotas de MercurySteam, está siendo la que, de largo, me está enganchando con mayor intensidad. No por ello sería justo el olvidar las importantes raíces de dicha saga, localizadas en el estándar japonés MSX. Para ello, el compañero Spidey se sabe de pé a pá toda la historia. O al menos nos convence de ello. Vaya el siguiente texto con dicha intención.

Es fácil encontrar por cada plataforma algún Castlevania entre los mejores de estas. Así, no es de extrañar ver entre los favoritos de nuestra añeja NES al todavía sorprendente Castlevania 3 (escuchad la banda sonora de la versión japonesa con el chip SCC, por favor). O en Super Nintendo aquella bomba tecno-lúdica llamada Super Castlevania IV, en Gameboy al portentoso Castlevania 2: Belmont’s Revenge y su maravillosa banda sonora, Symphony of the Night en PsOne sin lugar a dudas, incluso en PC Engine, donde el impecable Dracula Rondo of Blood se sitúa de cabeza entre lo mejorcito del sistema.

Incluso el ninguneado Castlevania Bloodlines de Megadrive (curiosamente llamado en Japón con el nombre de Vampire Killer) tenía sus grandes dosis de encanto. Datos irrefutables son estos que otorgan luminosidad celestial al camino de los Akumajo Dracula por el mundo de los videojuegos. A día de hoy, aún habiendo pasado una temporada donde la serie sobrevivía a base de intentar clonar el éxito de Symphony of the Night, la saga Castlevania sigue demostrando que la jugabilidad de la vieja escuela aún tiene mucho que ofrecer.

Y es que, sin lugar a dudas, 1986 fue un año importante para Konami. Como compañía, había ganado un prestigio sin par al haber lanzado algunas de las recreativas de más éxito del momento (Gradius o Green Beret, por poner un ejemplo), a la vez que ratificaba su status como desarrolladora ejemplar dentro del ordenador MSX, siendo la empresa más querida por los usuarios de este sistema. La primera generación de MSX estaba dando paso a la segunda, con unas computadoras increíblemente equipadas a nivel de hardware.

Las grandes posibilidades técnicas de estos equipos no pasaron desapercibidas por las compañías niponas, habiendo dado ya grandes muestras de virtuosismo gráfico lanzamientos como el alucinante matamarcianos Laydock, de T&E Soft (los de Hole in One). Por supuesto que a Konami no le gustaba quedarse atrás, máxime habiendo innovado dentro del estándar MSX con los poderosos cartuchos MegaROM, capaces de alcanzar la, por aquellos entonces, impensable capacidad de un megabit.

Como no podría ser de otra manera, a la empresa no le quedaba otra que probar suerte lanzando por vez primera un producto exclusivo para los relucientes MSX2. Así, y prácticamente a la par que otro popular MegaROM para la primera generación (el genial Penguin Adventure), se comercializó el sorprendente Vampire Killer, un cartucho que tanto por su exclusividad para MSX2 como por su original temática asombrara a propios y extraños.

Prácticamente de forma paralela al desarrollo de Vampire Killer, otro equipo de Konami se puso a trabajar en Castlevania (igualmente conocido en Japón como Akumajou Dracula) para Famicom, la inmortal consola de 8 bits de Nintendo. Basándose en las ideas del equipo de desarrollo de Vampire Killer, a Castlevania se le dio un sentido mucho más simplificado al estar dirigido a un público supuestamente más joven…

Y finalmente, en su versión para Famicom Disk (un sistema de disquetes para la consola que nunca salió del país nipón), fue comercializado muy poquito antes que el original Vampire Killer, todo ello debido al más sencillo y barato proceso de duplicación de los discos con respecto a los caros y difíciles de fabricar cartuchos de un mega para MSX. El caso es que, en ambos soportes, la primera encarnación de Akumajou Dracula supuso toda una revolución. El inolvidable arcade para Famicom por un lado, y por el otro la apasionante aventura de laberintos y acción de MSX2. Dos títulos de gestación paralela y formas similares que, en el fondo, eran sumamente distintos en más de un sentido. Pero ante todo, nos encontrábamos ante la piedra angular de Castlevania.

Con respecto al argumento, Vampire Killer nos situaba en el año 1691, contándonos la historia de Simon Belmont, un héroe por fuerza mayor al no tener más remedio que seguir con la tradición familiar de acabar cada cien años con el revivido Drácula. Armado con su poderoso látigo (del cual recibe el nombre la versión occidental del juego), Simon visitará el castillo del malvado conde y, pantalla a pantalla, se las verá con imponentes enemigos, laberintos de perdición y enigmas por doquier.

Todo ello en un portentoso megabit en exclusiva para MSX2 que heredaba las buenas formas de toda la producción de Konami en este sistema, recogiendo detalles que evidenciaban el anterior trabajo de sus programadores en otros programas de la compañía, como King’s Valley, The Goonies o The Maze of Galious. Los gráficos se situaron de inmediato al más alto nivel del momento, y no sólo por el potencial que ofrecía la segunda generación de MSX, sino por la elevadísima belleza de todos y cada uno de los elementos dibujados. Y es que la capacidad visual de Vampire Killer desencajó muchas mandíbulas en la época…

Del mismo modo que el nivel visual era insuperable (los árboles de la entrada al castillo o el cortinaje del mismo permanecerán en el recuerdo de muchos), la banda sonora no se quedaba atrás. Aquí se escribieron por vez primera las partituras de auténticas melodías clásicas del mundo del videojuego, como bien pueden ser “Wicked Child” o “Vampire Killer” reproducidas por el chip PSG (hubiese sido la bomba si Konami hubiese implantado en Vampire Killer el brutal sonido de los SCC).

Con respecto a la jugabilidad, como antes hemos dicho, nos encontramos con el capítulo más difícil y peregrino de la serie. Vampire Killer es un compendio de laberintos, llaves y objetos escondidos capaz de marear al más hábil. Aparecen por vez primera los final bosses clásicos de Castlevania, como Medusa o el monstruo de Frankenstein, y la mecánica aventurera lo acerca más a la metodología lúdica de Symphony of the Night que al clásico arcade que caracterizó al juego durante su primera época.

En definitiva, Vampire Killer es, por méritos propios, un hito en la historia del videojuego que bien merece ser reseñado. Aparte de comenzar una saga que aún hoy día está de rabiosa actualidad, puede presumir de ser el primer cartucho que Konami programara en exclusiva para MSX2, del mismo modo que lleva con orgullo la vitola de ser el primer MegaROM para esta segunda generación. Juegazo que actualmente puede no ser plato del gusto de todos, pero que en su momento fue de forma indiscutible objeto de deseo, resultando ser la envidia de todo aquel que no tenía un MSX en su casa. Un clásico indiscutible, que no os quepa duda. Y después, poco después, llegó un tal Metal Gear



8 comentarios en “Retrovisión: Vampire Killer, los orígenes de Castlevania”

  1. josepzin dice:

    Algún día tengo que darle una oportunidad a estos Castlevanías…

  2. josepzin dice:

    Y por cierto, ¡buen artículo!

  3. Pedja dice:

    Josepzin, gracias; el Spidey, que es un “jartible” de los Castlevanias 🙂 Y quizás el Lords of Shadow sea un buen punto de partida para tí!

  4. Ahasverus dice:

    Wow, yo soy castlevaniaco a morir pero en realidad pensé que este el VK era un remake de CV1, excelente reseña de verdad que muy informativa! muchas gracias y ojalá sigan cno sus artículos de Castlevania luego del lanzamiento del majestuoso lords of Shadow! 😀

  5. Spidey dice:

    Ese vampiro que viene de bonanzaaaaaaaaaaaa…

  6. Kotai dice:

    De los clasicos castlevania este es el que menos me gusta y eso que soy de los que tuvo un MSX.

  7. Kotai dice:

    Por cierto si os gustan los castlevanias tenéis que probar mi juego Castlevania Online, hasta 8 jugadores por Internet y gratuito.

  8. […] publicado en El PixeBlog de Pedja y reproducido aquí con permiso de su […]

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