El juego de la arañita, aquel rombo que iba destapando a una chica ‘manga’ mientras ella se sonrojaba, el arcade recreativo por excelencia del quinceañero en la edad del pavo. Gals Panic! de Kaneko. ¿Y qué ocurrió diez años antes? La verdad está ahí fuera. O aquí dentro.
Las diferencias entre Qix y Gals Panic! son mínimas, aunque la más importante radica en su fecha de lanzamiento. Aproximadamente, Qix se programó diez años antes que Gals Panic!, convirtiéndose en un modelo a seguir.
Fue Taito quien creó un nuevo paradigma de arcade de habilidad con Qix en 1981. El juego era básico, simple y adictivo, premisas bastante comunes por aquella época en los salones de juego. Se trataba de manejar a un pequeño rombo que podía dibujar rectángulos a lo largo de la pantalla y del tamaño que quisiera, eso sí, evitando a los enemigos que pululaban por toda la zona de juego. El objetivo era rellenar a base de rectángulos un 75 % de la pantalla.
Para impedir que desarrollemos nuestro respetable hobby de dibujar rectángulos, un extraño ente viaja por toda la pantalla. Se llama Qix y está formado por varias líneas de colores. Este abstracto ser nos hace perder una vida si nos toca o si hace contacto con un rectángulo que esté inacabado. En principio, este Qix no entrará en la ‘zona segura’ formada por los límites de la pantalla y los rectángulos bien formados. Por desgracia, hay otro tipo de enemigos (las ‘chispas’) que sí se cuelan en la ‘zona segura’ y nos persiguen incansablemente, exigiendo que estemos en continuo movimiento.
Una idea sencilla, un planteamiento original, un modo de juego adictivo y posteriormente copiado hasta la saciedad. Esta frase, aplicable a infinidad de juegos de la época -Breakout es otro buen ejemplo-, también se ajusta perfectamente a Qix. Tras el juego original verían la luz secuelas como Qix II, Super Qix o Volfield. Sin embargo, el clon más popular y exitoso de Qix se llamó Gals Panic. Como se suele decir, tiran más dos tetas que un puñado de líneas de colores.
Y así ocurría en Gals Panic!, videojuego programado por los japoneses de Kaneko y jugado en todos los rincones del mundo. Y a tres cuartas partes de los que jugaban al llamado “juego de la arañita” les importaba un bledo que fuese una copia del incunable Qix. Lo que querían era ver los dibujitos de las seis chicas que ofrecía el juego para elegir. Y la única forma de verlas era hacer rectángulos para ir destapando la silueta de la chica en cuestión, hasta llegar, mínimo, al ochenta por ciento.
Gals Panic apareció en 1991, con lo que la mayor diferencia que presentaba con Qix eran sus simpáticos gráficos, muy al estilo manga/hentai. Los enemigos ya no eran líneas psicodélicas, sino arañas gigantes, bolas de fuego con mala leche y pirámides puritanas. Nuestro rombito preferido había ganado en tamaño y relieve y se movía con mayor agilidad, pero seguía teniendo el mismo punto débil: el contacto con sus enemigos. Al menos ya no invadían nuestra ‘zona segura’, a menos que nos llevásemos demasiado tiempo dentro de ella.
Y vaya mala leche la de los programadores. Colocaron una barrita que iba avanzando si destapábamos el escenario, pero que se reducía si en el rectángulo dibujado aparecía la silueta de la chica. Si el indicador se reducía demasiado, el dibujo cambiaba y aparecía otro bastante menos atractivo: un cerdo parlante, un demonio salido… Algo que provocaba un cabreo monumental al quinceañero ‘en pubertad’.
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=zIh4SSGaK5o]

En resumen, el sistema de juego estaba infinitamente probado -no en vano, llevaba diez años en funcionamiento- y Kaneko tuvo la inteligencia de dotarlo de un aliciente muy tentador, sobre todo para el público masculino. Como quiera que dicho público era mayoritario en las salas recreativas, el éxito fue arrollador. Otras referencias del género fueron Fantasia -aquel en el que salían los rostros de Terminator o Indiana Jones-, Perestroika Girls, Lady Killers o el arcade español Splash!, donde jugábamos a ser pintores de brocha gorda -¿doble sentido?-. Como siempre, espero que la moraleja quede clara: no hubieras podido babear con Gals Panic! sin la existencia del clásico Qix. Ah, y que las tetas tiran mucho, también en los videojuegos.







.jpg)






































